domingo, 16 de septiembre de 2012

O Merkel acepta que no puede imponer austeridad a los ciudadanos de Europa o no habrá euro - Manuel Castells

Manuel Castells
La austeridad no es una necesidad, sino política envuelta en ideología de ordeno y mando. Estaba impuesta por el irresistible Merkozy, becerro de chatarra ante quien se postraron Zapatero y Rajoy. Liquidado Ozy, Merk se aferra a no sé qué y se permite permitirle al presidente electo de Francia poner “un acento” en el intocable tratado de austeridad. La Comisión Europea dice que no cambia nada. El BCE erre que erre. Cameron reafirma la bondad de un tratado que no firmó. Rajoy aprovecha para lograr un plazo de Bruselas para cuadrar presupuesto declarándose a favor de todo sin comprometerse a nada. Mientras interviene la Bankia de sus rivales Rato y Aguirre desvelando fisuras de un sistema bancario en situación dudosa pese a las continuas (in)seguridades que asevera el inefable gobernador del Banco de Espada. Menos mal que tenemos un Tribunal Supremo por encima de toda sospecha.

Se afanan políticos, expertos y medios en calmar temores sobre la euro-zona (que se lo cuenten a las bolsas mundiales) sosteniendo que Alemania y Francia se tendrán que entender porque sólo siendo razonables se mantiene el sistema, sin rupturas traumáticas. Se adelanta la cumbre europea para inventar el crecimiento austero. Que todo cambie para que todo siga igual. Pero hay un pequeño olvido en ese esquema de realpolitik: los ciudadanos europeos. Mientras los políticos usan su descontento para desmontarse los unos a los otros, los franceses propulsan a un socialista a la presidencia por primera vez en 24 años, con apoyo indispensable de la izquierda, mientras Le Pen liquida a Sarkozy para proyectarse en un gobierno de extrema derecha; los holandeses se aprestan a nuevas elecciones porque los xenófobos quieren más poder; Merkel apenas tiene un 38% de apoyo electoral, mientras piratas y verdes descabalgan coaliciones de centroderecha en los parlamentos regionales; los conservadores pierden las municipales en el Reino (des)Unido (por lo de Escocia); las municipales parciales en Italia hunden a las mesnadas berlusconianas y norteligadas, mientras sube el Partido Democrático, los antimafia conquistan Palermo y las Cinco Estrellas del movimentista Beppe Grillo quintuplican votos y lideran Parma y Génova, entre otras. Antipolítica, dice Monti, honesto y apolítico tecnócrata que confunde la política podrida de La Casta con la nueva política ciudadana. Los ciudadanos emiten su veredicto, a menudo contradictorio, una vez vivido el contenido de la austeridad.


En España, con elecciones recientes, el Gobierno pierde popularidad por momentos y si el PSOE apenas remonta es porque la gente recuerda que fue él quien constitucionalizó la austeridad al dictado de Merkel. Es evidente que, según formas propias a cada país, los ciudadanos han tomado la palabra, a veces apoyando a la izquierda, otras a la extrema derecha, en algunos casos reivindicando nuevas formas de política y cada vez más expresándose en la red, en calles y plazas porque el corsé de la democracia condicionada ya no se aguanta. En unos días ha cambiado el clima político en Europa y la inevitable austeridad se ha convertido en una palabrota que hay que diluir en un mejunje pro crecimiento que nadie entiende porque sin inversión no hay crecimiento y, para que haya inversión, tiene que haber demanda previa que sólo puede generar el gasto público (de dónde sale es cuestión de otro artículo, lo prometo). De nuevo se plantea la cuestión de quién sirve a quién: ¿el euro a Europa o Europa al euro? Y es probable que la respuesta a esta pregunta se esté fraguando en el eslabón débil de la fragilizada UE: Grecia.


En Grecia, el 66% de los ciudadanos ha dicho no a las políticas de austeridad aceptadas por su gobierno bajo chantaje y amenazas de la Merkel, incluida la sugerencia, retirada ante el escándalo que causó, de nombrar un procónsul germano para fiscalizar el presupuesto griego. Sabemos los datos. Los socialistas del Pasok se han deshonrado aceptando cualquier cosa para seguir en el poder. Los conservadores también han caído en picado, aunque la inicua ley electoral los reflota en escaños, aunque no suficiente para gobernar ni siquiera en contubernio con los socialistas. El segundo partido es ahora Syriza, surgido de los antiguos eurocomunistas aliados con una parte del movimiento y en el que ser anarquista no es un estigma. Su carismático líder,Tsipras, aporta un rostro a una coalición unida en su rechazo a la austeridad, aunque no al euro con condiciones. Los comunistas pata negra siguen donde estaban: en el mausoleo de Lenin. Pero con más votos que esos neonazis de los que todo el mundo habla. ¿Conspiración mediática? ¿Es sólo porque es más escabroso hablar de criminales (muchos de los candidatos nazi son expresos) que reinvidican el holocausto que de un movimiento en busca de nueva política? ¿O es que interesa asimilar en un mismo pelaje siniestro a todos los que se oponen a la austeridad necesaria y a una democracia atada y bien atada? En todo caso, ni siquiera con una alianza con los Griegos Independientes y grupúsculos extremistas pueden llegar al Gobierno. A menos que creen las condiciones para un golpe militar. Improbable, pero no impensable. Queda Izquierda Democrática, más asequible para un pacto fiscal atenuado. Puede aportar los 2 diputados que faltan a la coalición de centroderecha. Y si no, elecciones en cinco semanas. Con Syriza intentando ser primer partido y recibir la prima de escaños que le permitiría gobernar en coalición. Oponiéndose al pacto fiscal. Aunque el chantaje puede dar un gobierno opuesto al sentir profundo de los griegos. El banco Citi evalúa ahora en un 75% la posibilidad de que Grecia salga (la echen) del euro. Si eso sucede, los mercados harán el resto.


O Merkel acepta que no puede imponer austeridad a los ciudadanos de Europa o no habrá euro. Afortunadamente, le quedan sólo unos meses de vida política. Pero puede morir matando. Se acabó la austeridad en la mente de los ciudadanos. El resto es cuestión de tiempo. Y de sufrimiento inútil.


Publicado en La Vanguardia 16/92011